Eureka
Eureka Si las proposiciones de este discurso son sostenibles, el «estado de colapso progresivo» es precisamente el único en el cual estamos autorizados a considerar Todas las Cosas; y con la debida humildad confieso que, por mi parte, me es imposible comprender cómo ha podido introducirse en el cerebro humano otra concepción de la condición actual de las cosas. «La tendencia al colapso» y «la atracción de la gravitación» son frases convertibles. Nunca hubo nada menos necesario que suponer a la Materia imbuida de una cualidad indestructible, integrante de su naturaleza material, cualidad o instinto eternamente inseparable de ella, principio inalienable en virtud del cual cada átomo se ve perpetuamente impelido a buscar al átomo semejante. Nunca hubo nada menos necesario que sostener esta idea antifilosófica. Trascendiendo con audacia el pensamiento vulgar, debemos concebir en sentido metafísico que el principio de gravitación pertenece a la materia temporariamente, sólo mientras está difusa, sólo mientras existe como Pluralidad y no como Unidad; le pertenece en virtud tan sólo de su estado de irradiación; en una palabra, pertenece a su condición y no, ni en el menor grado, a la materia misma. En este sentido, cuando la irradiación haya retornado a su fuente, cuando la reacción se haya cumplido, el principio de gravitación ya no existirá. Y en realidad los astrónomos, sin que en ningún momento hayan alcanzado la idea aquí sugerida, parecen haberse acercado a ella en la aserción de que «si hubiera un solo cuerpo en el Universo sería imposible entender cómo podría aplicarse el principio de Gravitación», es decir, considerando la materia tal como se presenta llegan a la conclusión que yo alcanzo deductivamente. Que una sugestión tan fecunda como la citada haya permanecido durante tanto tiempo infructuosa es, sin embargo, un misterio que me resulta imposible sondear.