Narracion de Arthur Gordon Pym
Narracion de Arthur Gordon Pym 31 de julio.— Después de una noche de intensa ansiedad y fatiga, debida a la escora del casco, nos ocupamos en matar y despedazar nuestra tortuga. Resultó mucho más pequeña de lo que habÃamos supuesto, aunque se hallaba en muy buenas condiciones; toda la carne que contenÃa no pesaba más de diez libras. A fin de preservarla el mayor tiempo posible, la cortamos en trozos menudos, con los cuales llenamos los tres frascos que habÃan contenido aceitunas y la botella de vino, cubriéndolos luego con el vinagre de las aceitunas. De esta manera dejamos aparte unas tres libras de carne, que no tocarÃamos hasta no haber consumido el resto. Decidimos fijar raciones de cuatro onzas aproximadamente por dÃa; en esa forma el total podrÃa durarnos trece dÃas. Hacia el anochecer cayó un fuerte chaparrón, con truenos y relámpagos, pero duró tan poco que apenas pudimos recoger media pinta de agua. De común acuerdo la dimos a beber a Augustus, cuyo fin parecÃa muy próximo. Bebió directamente de la sábana mientras llovÃa, pues la sostuvimos sobre él de manera que le cayera en la boca; carecÃamos además de un recipiente para guardar agua, a menos que hubiésemos optado por tirar el vino de la damajuana o el agua corrompida del cántaro. Sin duda lo hubiéramos hecho pero el chaparrón no duró lo bastante para eso.