Narracion de Arthur Gordon Pym
Narracion de Arthur Gordon Pym Su muerte nos llenó de los más tenebrosos presentimientos, afectándonos de tal manera que pasamos todo el dÃa inmóviles junto al cadáver, sin hablarnos más que susurrando. Sólo a la noche reunimos suficiente coraje para levantar el cadáver y tirarlo al mar. Su aspecto era tan horroroso que desafiaba toda descripción, y se habÃa descompuesto en forma tal que cuando Peters trató de levantarlo se le desprendió una pierna. Cuando aquella masa putrefacta cayó al agua, el resplandor fosfórico que la envolvÃa nos dejó ver claramente seis u ocho enormes tiburones cuyo rechinar de dientes cuando despedazaban su presa hubiera podido oÃrse a una milla de distancia. Peters y yo perdimos casi los sentidos al escuchar aquel horroroso sonido.