Narracion de Arthur Gordon Pym

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Pero las dificultades para obtener agua nos cegaron por el momento a todas aquellas nuevas ventajas. A fin de estar prontos en caso de que cayera un chaparrón, nos quitamos las camisas para usarlas como habíamos usado la sábana, aunque sabíamos que con ellas sólo obtendríamos un trago de agua por vez. Pero en todo el día no vimos ni una sola nube, y los sufrimientos que nos causaba la sed se volvieron intolerables. Por la noche Peters logró dormir una hora con un sueño intranquilo, pero mis intensos sufrimientos no me permitieron pegar los ojos en toda la noche.

5 de agosto.— Un viento sumamente suave nos impulsó hacia una vasta aglomeración de algas, donde tuvimos la suerte de encontrar once pequeños cangrejos que nos proporcionaron varias deliciosas comidas. Como sus caparazones eran muy tiernos, los comimos enteros, descubriendo que no exacerbaban tanto la sed como las lapas. Como no vimos huellas de tiburones en la zona de las algas, nos animamos a bañarnos, quedándonos en el agua cuatro o cinco horas, lo cual mitigó sensiblemente nuestra sed. Grandemente aliviados, pasamos una noche más agradable que la anterior, y los dos pudimos dormir un poco.




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