Narracion de Arthur Gordon Pym
Narracion de Arthur Gordon Pym 7 de agosto.— Justamente al amanecer Peters y yo avistamos en el mismo instante una vela al este… ¡y que venÃa hacia nosotros! Recibimos aquella maravillosa visión con un prolongado aunque débil clamor de alegrÃa, e instantáneamente nos pusimos a hacer todas las señales que podÃamos, agitando las camisas en el aire, saltando hasta donde nuestra debilidad lo permitÃa y gritando con toda la fuerza de nuestros pulmones, aunque el barco se hallaba por lo menos a quince millas de distancia. Pero seguÃa rumbeando hacia nuestro casco y comprendimos que si mantenÃa esa dirección no podrÃa dejar de vernos. Una hora después ya distinguÃamos claramente a los tripulantes que habÃa en cubierta. Era una goleta larga y baja, de dos mástiles bastante inclinados, con un signo negro en su vela mayor de trinquete, y, por lo visto, tenÃa su tripulación completa. Comenzamos a alarmarnos, pues difÃcil nos resultaba concebir que pudieran no vernos, y temimos que se hubieran resuelto a dejarnos perecer —conducta bárbaramente cruel y que, sin embargo, por increÃble que parezca, se ha observado varias veces en alta mar, bajo circunstancias similares a las nuestra, por obra de seres a quienes se consideraba como pertenecientes a la especie humana—. Pero en este caso[3], gracias a Dios, felizmente nos habÃamos engañado; en efecto, no tardamos en advertir gran movimiento en la cubierta de la goleta, la cual izó de inmediato una bandera británica y, enfrentando el viento, avanzó directamente hacia nosotros. Una hora más tarde nos hallábamos en su cámara. Resultó ser la Jane Guy, de Liverpool, mandada por el capitán Guy, con rumbo a una expedición de caza y de comercio por los Mares del Sur y el PacÃfico.