Narracion de Arthur Gordon Pym
Narracion de Arthur Gordon Pym Llegó por fin el quince de junio, y cada detalle estaba dispuesto. Escrita y entregada la carta, salà de casa un lunes, de mañana, con todas las apariencias de ir a tomar el barco-correo de New Bedford. Me encaminé, en cambio, en busca de Augustus, que me esperaba en una esquina. Nuestro plan original consistÃa en mantenerme oculto hasta que llegara la noche, para embarcarme secretamente en el bergantÃn; pero como se habÃa declarado una espesa niebla, decidimos no perder tiempo. Augustus encabezó la marcha hacia el muelle, y lo seguà a cierta distancia envuelto en un grueso capote que aquél me habÃa procurado para que nadie pudiera reconocerme fácilmente. Justamente al dar la vuelta a la segunda esquina, después de pasar por la fuente de Mr. Edmund, me di de lleno con mi anciano abuelo, Mr. Peterson, quien se detuvo para mirarme en la cara.
—¡Que Dios me bendiga, Gordon! —exclamó, después de una larga pausa—. ¿Qué llevas puesto? ¿De quién es ese sucio capote?
—¡Un momento, señor! —repuse, encarando lo mejor posible la situación, adoptando un aire de sorpresa ofendida y pronunciando las palabras de la manera más grosera posible—. ¡Que me cuelguen si no está confundido! ¡No tengo nada que ver con ningún Goddin! ¡Y mejor será que se cuide de decir que mi capote está sucio, viejo estúpido!