Narracion de Arthur Gordon Pym
Narracion de Arthur Gordon Pym Juro que me costó un esfuerzo indecible no echarme a reÃr a carcajadas ante la extraña manera con que el anciano caballero recibió semejante réplica. Retrocedió dos o tres pasos, poniéndose primero pálido y luego muy encarnado, se levantó los anteojos y, poniéndoselos otra vez, se me vino encima enarbolando el paraguas. Detúvose de golpe, sin embargo, como si de pronto hubiera recordado algo; por fin, dándome la espalda, se fue calle abajo tembloroso de rabia, mascullando:
—¡Nada que hacerle! Anteojos nuevos… Creà que era Gordon… ¡Condenado marinero!