Narracion de Arthur Gordon Pym
Narracion de Arthur Gordon Pym La tentativa me probó que mi debilidad era mucho mayor de lo que había supuesto. Apenas podía avanzar reptando dificultosamente, y con frecuencia sentía que mis piernas se paralizaban; de boca contra el suelo, permanecía inmóvil durante largos minutos, en un estado que bordeaba la insensibilidad. Pero seguí luchando, metro a metro, temiendo a cada instante desmayarme en aquellas angostas e intrincadas revueltas de la carga, donde inevitablemente me esperaría la muerte. Por fin, echándome hacia adelante con toda la energía de que era capaz, di de cabeza contra el agudo filo de un cajón reforzado de hierro. El accidente sólo me aturdió por un momento, mas no tardé en descubrir, con inexpresable desesperación, que los acentuados movimientos del barco habían hecho caer el pesado cajón, atravesándolo en mi camino de manera que lo bloqueaba por entero. A pesar de mis violentos esfuerzos, no pude desviarlo una sola pulgada, pues se hallaba estrechamente encajado entre los restantes cajones y aparejos del barco. Débil como estaba, no tenía más que dos alternativas: abandonar la guía de la cuerda y buscar un nuevo paso hasta la trampa, o trepar sobre el cajón hasta poder seguir mi camino del otro lado. Lo primero presentaba demasiadas dificultades y peligros como para no estremecerme de sólo pensarlos; dadas las condiciones físicas y mentales en que me hallaba, perdería infaliblemente el camino si lo intentaba, pereciendo de la manera más miserable entre aquellos horribles y repugnantes laberintos de la cala. Sin vacilar, pues, me decidí a reunir mis fuerzas y tratar de subirme como pudiera a lo alto del cajón.