Narracion de Arthur Gordon Pym
Narracion de Arthur Gordon Pym Pasaron unos momentos antes de que alguien se asomara. Por fin, un inglés, que hacía su primer viaje como marinero, subió a cubierta llorando desesperadamente y suplicando al piloto que le perdonara la vida. La única respuesta fue un hachazo en la frente. El desdichado cayó sin proferir un quejido y el cocinero negro, tomándolo en brazos como si fuera un niño, lo arrojó al mar.
Al oír el golpe y la caída del cuerpo, los hombres de abajo no se atrevieron a aventurarse en cubierta a pesar de las amenazas o las promesas que escuchaban, hasta que, por fin, uno de los amotinados propuso expulsarlos por medio del humo. Siguió a esto una corrida general y por un momento pudo pensarse en la posibilidad de que los amotinados fuesen reducidos. Estos últimos, sin embargo, lograron cerrar el castillo de proa, del que sólo alcanzaron a salir seis hombres; superados en número y sin armas, tuvieron que rendirse, luego de una breve lucha. El piloto les habló amablemente, sin duda para que los que quedaran abajo se rindieran, ya que podían escuchar perfectamente sus palabras. Lo que siguió fue directo resultado de su sagacidad y de su diabólica villanía. Los hombres encerrados en el castillo de proa anunciaron su intención de someterse y, subiendo de a uno, se dejaron atar y tender de espaldas en el puente, al igual que los seis primeros; en total había veintisiete tripulantes que no participaban del motín.