Los suenos
Los suenos Preguntó otro diablo cuántos eran. Respondieron que ciento, y respondió un demonio mal barbado entrecano:
—¿Ciento y sastres? No pueden ser tan pocos. La menor partida que habemos recibido ha sido de mil y ochocientos. En verdad que estamos por no recibilles.
Afligiéronse ellos, mas al fin entraron. Ved cuáles son los sastres, que es para ellos amenaza el no dejarlos entrar en el infierno. Entró el primero un negro, chiquito, rubio de mal pelo; dio un salto en viéndose allá y dijo:
—Ahora acá estamos todos.
Salió de un lugar donde estaba aposentado un diablo de marca mayor, corcovado y cojo, y arrojándolos en una hondura muy grande dijo:
—Allá va leña.
Por curiosidad me llegué a él y le pregunté de qué estaba corcovado y cojo, y me dijo (que era diablo de pocas palabras):
—Yo era recuero de sastres; iba por ellos al mundo; de traellos a cuestas me hice corcovado y cojo. He dado en la cuenta y hallo que se vienen ellos mucho más aprisa que yo los puedo traer.
En esto hizo otro vómito de sastres el mundo, y hube de entrarme porque no habÃa dónde estar ya allÃ, y el monstruo infernal a traspalar, y diz que es la mejor leña que se quema en el infierno sastres.