Más alla
Más alla —¿Hasta que qué? ¿Qué ganarÃa usted esperando? ¿Enamorarse más hasta querer matarme porque no lo dejé casarse antes? Y luego los aprontes, Berger. Todo perfectamente listo para mañana, y desde hace meses. Y el disgustito… No se juega con las fechas de matrimonio, amigo… Sobre todo cuando es Nora quien se casa, y está desesperada por estas veintidós horas que le quedan de soltera… es decir, sin ser de usted.
Sólo veintidós horas… Me rendÃ.
No escapa a nadie que mi situación requerÃa mil precauciones. Primero que todo, debÃa ponerme al corriente del estado de mi casa (desde la estación habÃa volado directamente a ver a Campillo); de mis nuevas relaciones, de mi ambiente social de ahora, sin contar el punto más escabroso, que lo constituÃan Nora y su familia.
Con Campillo lo arreglamos todo en dos horas de trabajo. El pretexto del golpe sufrido para excusar mi desconocimiento total de todo, continuaba siendo el mejor. En unos cuantos dÃas, atisbando detrás de mis ojos vagos, yo tomarÃa las lÃneas generales de mi nueva vida; y como tenÃa siempre a la mano el pretexto de la amnesia, no habÃa pregunta, por disparatada que fuera, que yo no pudiera hacer.