Las dos emparedadas
Las dos emparedadas —Tened resignación —dijo— el trance por el que vais a pasar, es amargo, es cruel; pero meditad que todos los mortales tienen que pasarle; os parecerá muy cercano; ¿qué son dos años, diez, mil, para ese infinito que se llama la eternidad? os parecerá que habéis entrado apenas a ese otro mundo cuando ya nos veréis a vuestro lado, no sólo a nosotros, sino a cien generaciones que se alzarán y morirán después que nosotros.
—Pero, padre, padre, morir asà tan joven, y en el garrote… no… si no lo puedo creer… Dios mÃo ¿pues cómo es posible?… ¿dentro de dos horas ya no seré yo…? ya seré un muerto… ya me verán asà como cadáver… y yo no oiré, no sentiré… no seré yo… ¿pues qué seré?… y luego para siempre… Padre… tengo pavor… tengo miedo de morirme…