Las dos emparedadas
Las dos emparedadas —Los pueblos le reciben por todas partes con arcos y músicas, los nobles salen a su encuentro, las ciudades se engalanan; fiestas, saraos, cuanto puede halagarle y enorgullecerle, todo lo encuentra, y todo se le prepara como haciendo con esto un reproche a S. M. que le habÃa desterrado…
—Quizá eso no tenga más consecuencias.
—Te engañas, sin eso el prÃncipe se hubiera contentado con retirarse a su antigua residencia, pero después de esas fiestas el prÃncipe estará más audaz y sus partidarios más osados, las intrigas se multiplicarán y quién sabe si la reina misma no podrá resistir; hay en la corte un nuevo elemento que está cerca de S. M. y que yo no sé por qué cada dÃa se hace más poderoso…
—¿Y qué elemento es ese, señor?
—Doña Inés de Medina, esa nueva dama de la reina.
—CreÃa yo que habÃa entrado a palacio bajo la protección de V. E.
—Asà fue en efecto, pero otra era entonces, o esa mujer ha variado de plan en su conducta: oye, Valenzuela, tu lealtad para conmigo es completa y por eso para ti no tengo secretos.
—¡Señor!