Las dos emparedadas
Las dos emparedadas —SÃ. es mejor esta noche, cuando esté todo en silencio, por el pasillo secreto.
—Está bien, señora.
—Procura que él nada sepa hasta el momento en que me vea.
—¿DesconfÃa V. M. de su discreción?
—No, pero es mejor que se haga todo como yo te digo.
Doña Inés volvió entonces a aparecer y la reina calló.
Doña Inés habÃa tenido ya una conversación con Valenzuela.
Don Fernando oyó la relación que le hizo la joven de su conferencia con la reina.
Cuando terminó aquella relación, Valenzuela preguntó a doña Inés.
—¿Y vos qué pensáis de tan repentino cambio de S. M.?
—Témome que alguien haya dicho algo mal a S. M. contra vos.
—En todo caso, mi posición es malÃsima en este momento en la corte.
—Quizá no tanto como creemos, pero siempre es preciso estar prevenidos para cualquier evento.
—¿Y qué medios hay para ello?