Las dos emparedadas
Las dos emparedadas Refiérese lo que pasó en la cámara de Su Majestad a don Fernando de Valenzuela, y cómo éste tuvo miedo de comprender lo que nadie le dijo
Doña Eugenia caminaba delante abriendo y volviendo a cerrar las puertas.
Valenzuela no conocÃa el camino; además, en algunas partes la oscuridad era perfecta, y él se perdÃa en un sinnúmero de conjeturas.
De repente doña Inés se detuvo.
—Aguárdame aquÃ, don Fernando; no te muevas —le dijo— y sobre todo, procura estar en el mayor silencio.
Valenzuela obedeció instintivamente y sintió que doña Eugenia se alejaba.
—Indudablemente —pensó— esto quiere decir que algo se trama contra mÃ, y que mi Eugenia lo ha sabido y procura salvarme, porque no parece sino que me está facilitando la fuga… pero siquiera que me dijese algo.
Doña Eugenia tardó poco en volver, y acercándose a don Fernando y tomándole de la mano, le dijo:
—Ven, aquà hay una persona que desea hablarte.
Se abrió la puerta y penetraron en un aposento iluminado.
Valenzuela avanzó algunos pasos y cayó de rodillas.
Estaba delante de la reina.