Las dos emparedadas

Las dos emparedadas

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

El día en que Valenzuela recibió este nuevo nombramiento, le anunciaron que don Antonio de Benavides deseaba hablarle. Don Fernando le hizo entrar, y Benavides se presentó casi con timidez.

—Grande fortuna es la mía —dijo Valenzuela— cuando puedo verte por mi casa.

—Temía, don Fernando —contestó Benavides— que la altura a que has llegado te impidiese reconocerme.

—Mal me juzgas, Antonio, si tal piensas: tú eras mi único amigo en los días en que era yo el hombre más desvalido de la corte.

—Creía no serlo hoy que eres sin duda el más poderoso.

—Burlando mi buena fe, Benavides, cuando te creí un sabio astrólogo, me auguraste que llegaría yo a ser grande, y ya casi lo soy: tu predicción se ha cumplido.

—Espero que me hayas perdonado completamente aquella burla; llegaste a pedirme tu horóscopo; tú eras mi amigo, nada podía yo darte más que ilusiones, ilusiones te di, pues, y Dios ha querido convertirlas en realidad; yo, aunque te quiero, no te adulo, y puedes creerme; tú mereces tantos favores de la fortuna.

—Gracias, Benavides; el cariño te hace faltar a la justicia; ¿y qué piensas tú que me guardará el porvenir?


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker