Las dos emparedadas

Las dos emparedadas

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

El duque no era un joven, pero aún estaba en la fuerza de la edad; esto era tanto como estar todavía en estado de ser bloqueado y aún rendido por los dos lindos ojos de doña Inés.

La joven lo comprendía: ¿qué mujer no conoce al primer golpe de vista la combustibilidad de un hombre? ¿Qué mujer no comprende en qué corazón es capaz de abrir una brecha?

Hay hombres de los cuales puede una mujer asegurar sin vacilación que están libres sólo por la misericordia o por la indiferencia de ella, y la hija del marqués de Medina no era de las más torpes en este conocimiento, ni el duque de Alburquerque le parecía a ella una plaza tan inexpugnable, como Sagunto o Numancia.

Aprovechó la primera oportunidad y comenzó las operaciones de la campaña; para llegar al niño necesitaba rendir al hombre; era preciso hacer del duque un aliado para tener en el joven rey un instrumento.

—Contento debe estar vuestra merced —dijo al duque— al lado de S. M. el rey, que según me dicen tiene un natural amable y bondadoso.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker