Las dos emparedadas
Las dos emparedadas —¿Tarde? vamos, a ti te ha pasado algo; tienes el rostro demudado y tomas un aire tan trágico…
—Es que hay cosas que me indignan.
—¿Te he hecho yo algo por desgracia?
—Tú no, don Fernando, porque eres incapaz de ofender a nadie deliberadamente, pero por eso mismo es mayor mi indignación.
—ExplÃcate.
—Quisiera yo callar, porque temo causarte un profundo disgusto.
—No temas, siempre es bueno oÃr la verdad, aunque amargue.
—Pues bien, mira este papel que he arrancado de uno de los muros de palacio.
Don Fernando tomó el papel y le leyó. Era un pasquÃn con grandes letras escrito y que decÃa entre otras cosas:
«Sermones que han de predicarse en esta cuaresma del año del Señor de 1677».
»Feria 4.ª Predican Valenzuela y el vice-canciller: memento homo quia pulvis es et in pulverem reverteris.
»Dominica 1.ª Valenzuela al prÃncipe don Juan; Hæc omnia tibi dabo si adoraveris me.—Vade retro Satanas.
»Feria 6.ª Valenzuela: Homo quidam erat dives qui induebatur purpura.