Las dos emparedadas

Las dos emparedadas

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Carlos II se sintió desde aquel momento poseído de esa fatuidad que se apodera de un joven cuando ha hecho su primera conquista.

Carlos se creyó ya un hombre.

Por una de las encrucijadas del bosque apareció un ciervo perseguido por cazadores y perros.

El pobre animal caminaba fatigado, y el espanto era lo único que le daba fuerzas; el montero más torpe podía haberle muerto.

Ese momento se aguardaba para que el rey tomara parte activa en su persecución.

El montero mayor entregó a Carlos una primorosa escopeta incrustada de oro y de nácar, cargada y lista para hacer fuego.

El rey la tomó: un relámpago de alegría infernal pasó por sus ojos y se lanzó en pos del fugitivo ciervo, diciendo a doña Inés:

—No os separéis de mí; venid.

Aquella frase era más bien la expresión de un niño encaprichado con un juguete que el arranque de una alma enamorada.

Doña Inés aguijó a su caballo y se lanzó también en seguimiento del ciervo.

El animal rendido corría penosamente, y apenas podía con su agitado pecho romper la maleza que se oponía a su marcha.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker