Las dos emparedadas
Las dos emparedadas De cómo doña Inés consiguió lo que deseaba con el rey
El desmayo de la reina, que ciertamente no había estado en su mano el evitar, fue interpretado maliciosamente por los cortesanos: se tomó como la declaración oficial de sus amores con Valenzuela.
La fiesta por supuesto se terminó con disgusto de todo el mundo, y la reina volvió a Madrid, llevándose al herido.
El príncipe permaneció aún aquel día en el Escorial, y los cortesanos inquietos sobre el partido que debían tomar unos siguieron a la reina y otros se quedaron con don Carlos.
El marqués de Río Florido, con su hija, fue de estos últimos.
El rey indicó al marqués su deseo de que permaneciera en el Escorial aquella noche, y el marqués, además del interés que tenía por ganarse la confianza de Carlos, aborrecía a Valenzuela considerándolo sucesor del padre Nitardo, y creía con esto darle una muestra de desprecio.
Doña Inés conoció la intención de Carlos: el joven rey era novicio y tímido en asuntos amorosos, pero ella supliría lo que a él le faltaba.