Las dos emparedadas
Las dos emparedadas En el que se verá que en el siglo diecisiete había ya hombres que se burlaban de la astrología judiciaria
La noche había cerrado y por una de las más extraviadas callejuelas de Madrid caminaban dos hombres apresuradamente.
No había más que la luz de las estrellas, porque en aquella noble y coronada villa no hubo alumbrado en las calles hasta que extinguida la rama de los monarcas de la casa de Austria con la muerte de Carlos II, entraron a gobernar los Borbones.
Nuestros dos hombres hablaban en voz alta y por esa conversación podremos conocerles, y saber el objeto que los llevaba por allí y a tales horas.
—Paréceme, señor de Valenzuela —decía el uno— que no estáis enteramente convencido de que los tales astrólogos no son otra cosa que charlatanes y aventureros, que así saben de lo que pasará en el porvenir, como de lo que acontece en los reinos de la luna.