Las dos emparedadas
Las dos emparedadas —Pero no está firmada, y una inicial no se prueba.
—Todo lo que importa es que el rey sepa que doña Inés tiene un amante, y poco importa quién sea éste.
—¿Y cómo hacer para que esta carta llegue a manos del rey?
—Sencillamente: escribiendo un anónimo a S. M., dentro del cual se incluirá esta carta; y tú por medio de la servidumbre la harás llegar a sus manos.
—¿Y bastará?
—SÃ, porque en ese anónimo le indicaremos que a tales horas vigile la casa de su amada y verá entrar a un hombre.
—¿Pero si no llega ese hombre?
—No importa, tú serás el que entre a ver a tu Isabel, y el rey que acecha celoso no podrá saber quién tú eres, ni a quién vas a ver.
—Comprendo, escribe.
Don Fernando tomó un papel y se puso a poner una carta.