Las dos emparedadas
Las dos emparedadas La salida del rey de palacio y la orden enviada por él a la reina, venían a constituir una verdadera revolución.
Empezaba un nuevo reinado.
Todos los nobles y todos los cortesanos se dirigieron en romería al Buen Retiro a presentar sus homenajes a Carlos.
Se trataba nada menos que de granjearse la voluntad del nuevo soberano y esta cuestión era de la más alta importancia.
La historia dice que pocas veces se han visto mayor número de regalos ni más valiosos que los que recibió en aquel día Carlos II, y hubo señores en la corte que le hicieron presentes por valor de más de cien mil pesos cada uno.
Don Juan de Austria esperaba estos momentos, y no tardó en llegar al Buen Retiro, llamado por el rey y sus amigos, y su presencia fue celebrada en Madrid como el primero de los beneficios que le traían a España la separación de la reina y la caída de Valenzuela.
Doña Inés supo como era natural que el rey debía salirse de palacio y estacionarse en el Buen Retiro y toda la noche estuvo en vela, al principio esperando la noticia de la salida del rey, y después que supo que ya S. M. estaba en el Buen Retiro, soñando en el triunfo que la esperaba al siguiente día, cuando el rey la dijera, como debía decirla: