Las dos emparedadas
Las dos emparedadas —No por eso, luz de mis ojos; no por eso, no me culpes, yo soy capaz de hacer por ti cuanto hay, pero esa puerta tiene llave y esa llave la guarda mi padre.
—Yo no te pido imposibles, saca con cera la forma de la cerradura, dame ese molde y yo te traeré la llave.
—Lo haré; verás cómo no tienes razón de quejarte.
—¿Y cuándo?
—Mañana mismo.
—Ahora sà creo que me amas; adiós.
—Hasta mañana; no faltes.
—No, adiós.