Las dos emparedadas

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VI

De lo que respecto al marqués de san Vicente, mariscal de campo y castellano de Acapulco, pensaban y decían en México

Anuncióse en México por principios del mes de mayo, que había llegado a Veracruz el señor marqués de San Vicente, mariscal de campo y castellano de Acapulco.

Atribuyéronle algunos, cargo de visitador del reino de Nueva España, y a pesar de que todos los ánimos estaban inquietos con la aparición de los piratas en las costas, la nueva de la llegada del marqués de San Vicente preocupó altamente al virrey marqués de la Laguna, a la audiencia, a los principales señores y a la multitud en general.

Desde que a tratar se comenzó de la venida de aquel personaje, observarse pudo que por parte de muchos señores se ponía particular empeño en enzalsarle; que por parte de la audiencia se desconfiaba extraordinariamente de él, y que el virrey permanecía en una especie de neutralidad misteriosa, procurando no tomar parte en pro ni en contra del marqués de San Vicente.

En esta incertidumbre, el marqués salió de Veracruz y se dirigió a México.

Como si aquel solo hombre constituyera por sí solo un ejército enemigo capaz de trastornar el reino, y como si de su sola voluntad estuviesen pendientes los destinos de las colonias, así se produjo en la ciudad una extraordinaria agitación con motivo de su viaje.


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