Las dos emparedadas

Las dos emparedadas

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Doña Inés esperaba la media noche con una inquietud como la que sintió en su primer amor.

El marqués de Río Florido se encerró en su aposento; toda la servidumbre dormía tranquila; la casa estaba en el mayor silencio y en la más completa oscuridad; sólo doña Inés velaba en su aposento mirando con impaciencia las agujas del reloj.

Las aguas del canal que cruzaba a la espalda de la casa de doña Inés se deslizaban tranquilas y mansas en la oscuridad, sin producir el más ligero murmullo; en las márgenes de aquel canal no se veía ni una luz, todo estaba perfectamente tranquilo.

De repente un rumor apenas perceptible se sintió en las aguas y como una fantasma negra apareció en el canal una de esas canoas pequeñas que los indígenas llaman chalupas.

Dos hombres iban dentro de ella; los dos de pie: era el uno un remero, vestido con un ancho calzón y una camisa blanca, y con un pequeño sombrero de palma, el otro era un hombre embozado en una capa negra y con un ancho sombrero negro también.

Los dos parecían muy acostumbrados a navegar en chalupas, porque conservaban con extraordinaria facilidad el equilibrio en aquella peligrosa embarcación en que hay tanta facilidad de perderlo.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker