Las dos emparedadas
Las dos emparedadas El Señorito bajó pensando:
—¿Qué misterio será éste?
HabÃan pasado dos horas de esto cuando la puerta de la casa del marqués, que caÃa al canal, se abrió y apareció en el dintel una mujer enteramente cubierta.
Dos hombres en una canoa esperaban afuera.
—Luis —dijo la tapada.
—Aquà estoy —dijo uno de aquellos hombres.
—Vamos.
La tapada cerró por fuera y con llave la puerta, se entró a la canoa y los hombres comenzaron a remar en dirección al palacio.
Al dÃa siguiente hubo en México lo que en aquellos tiempos se podÃa llamar una gran novedad.
Las noticias de los piratas eran muy poco satisfactorias; se habÃan apoderado de Veracruz la Nueva, y se referÃa en México que traÃan un fabuloso número de tropas de desembarco.
El nombre de Lorencillo andaba de boca en boca, y el virrey y la audiencia estaban verdaderamente alarmados.
En consecuencia de esto, habÃase llevado a puro y debido efecto la provisión del virrey, y todos los varones de quince a sesenta años se habÃan acuartelado para armarse, formándose regimientos de españoles, de mulatos, de indios y de negros.