Las dos emparedadas
Las dos emparedadas El Señorito no podía ni buscar nuevos cómplices para deshacerse de los primeros, porque esto era dar publicidad al lance, ni llevar a efecto el pensamiento con los comprometidos, ni hacer resistencia en el acto de la ejecución del plan.
Todo esto era descubrir sus proyectos, dejarlos sin objeto o exponerse a que cualquiera de los cómplices le denunciara.
El Señorito estaba en una situación verdaderamente comprometida y terrible.
Pero no era hombre de amilanarse por tan poco, y en todo caso, aun perdido el lance, le quedaba el de la conspiración, del que doña Inés le había prometido sacar muchas ventajas.
Decididamente la fortuna estaba de su lado.