Las dos emparedadas
Las dos emparedadas De quién era la dama misteriosa de la canoa y del objeto que la llevaba
La dama que misteriosamente cubierta había salido de la casa del marqués de Río Florido y embarcádose en una canoa, llegó hasta cerca de palacio; allí mandó a los remeros que se acercasen a la margen derecha del canal y saltó a tierra.
Uno de los hombres que la conducían quedó al cuidado de la embarcación, y el otro, ajustándose el talabarte, siguió a la dama.
Atravesaron uno en pos de otro ligeramente el espacio que los separaba de la puerta del palacio y llamaron allí.
Como en aquellos días había en la ciudad tan gran movimiento y se habían levantado las milicias, entraban y salían del palacio tantas gentes que la puerta se abrió, y la dama, seguida siempre de su escudero, penetró en el interior, sin detenerse ni llamar la atención.
La dama subió las escaleras y se dirigió a la secretaría del virrey.
En la antesala había una multitud de personas esperando, a pesar de ser una hora tan avanzada de la noche, en razón de los acontecimientos de Veracruz. Se trabajaba en la secretaría del virreinato y en la audiencia como si fuera de día.