Las dos emparedadas
Las dos emparedadas De lo que pasaba con el marqués de san Vicente después de su prisión
Fue el marqués de San Vicente encerrado en un oscuro calabozo de la cárcel de la Audiencia.
A pesar de que la orden del virrey no era más que una medida de precaución, o al menos asà se le habÃa pedido por los oidores apenas éstos la tuvieron en su poder comenzaron a molestarle.
En la misma noche en que le llevaron a México, el oidor don Frutos Delgado entró a visitar al virrey.
—Ahora sà —dijo éste— su señorÃa estará contento.
—Contento, no —contestó don Frutos—, porque jamás puede dar contento a un corazón bien formado, el padecimiento que sufre un semejante aun cuando este padecimiento le vengan por justicia, pero sà puedo decir a V. E. que estoy tranquilo.
—¿Y habéis hablado con el marqués?
—No, señor, esta noche quiero verle.
—Yo también.
—Es muy justo: en tal caso iré dentro de un momento a saber en dónde quedó alojado y avisaré a V. E.
—Fácil es saber en dónde quedó alojado, que no puede ser en otra parte que en las reales cárceles; de manera que acompañaré a su señorÃa.