Las dos emparedadas

Las dos emparedadas

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Don Frutos al salir de la cámara del virrey se dirigió, con objeto de ganar tiempo, precipitadamente hacia la cárcel, y cerca del calabozo en que habían encerrado al marqués, encontró a don Martín de Solís y a otros dos oidores.

—¿Han hablado sus señorías con el preso? —les dijo.

—No, porque esperábamos a su señoría.

—El virrey tiene empeño en hablarle él antes que ninguno de nosotros.

—Pues preciso será que no suceda así.

—Apenas he logrado desprenderme de él, aprovechando un momento en que fue llamado, pero no dudo que notando mi desaparición y creyendo que yo puedo haber venido a la cárcel, venga tras de mí y me impida hablar a solas con el preso.

—Es muy probable.

—Para evitarlo importa que sin perder un momento vayan sus señorías y con cualquier pretexto le visiten, y le entretengan hasta que yo vuelva.

—Iremos —dijo don Martín.

—Pues no hay que perder tiempo.

Don Frutos siguió para el calabozo, y don Martín y sus compañeros se dirigieron al despacho del virrey.

Ya hemos visto que llegaron oportunamente.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker