Las dos emparedadas
Las dos emparedadas —Bien, ¿qué habéis hecho respecto a mis instrucciones?
—Señor, he logrado estrechar mis relaciones con don José de Mallades que me presentará mañana mismo en la corte.
—Y es natural que os haya preguntado qué deseáis pretender ¿qué le habéis dicho?
—Preguntóme eso precisamente y contestóle que empresa de amores me llevaba, porque prendádome habÃa una dama de la corte, que en los bandos polÃticos no querÃa mezclarme, porque los poetas no somos a propósito para ello, que la mucha imaginación nos hace caer en peligrosos extremos.
—¿Y no os preguntó (que sà debe haberlo hecho), quién era esa dama?
—SÃ, señor.
—¿Y qué dijisteis?
—Encontréme embarazado para contestarle que apenas conozco a las damas, si no es a doña Laura, de quien él está apasionado, mas para salir airoso del lance lamenté mi desgracia de no conocer el nombre de la dama a quien yo querÃa servir, y dile unas señas de ella, que convinieron con las de una señora que él dijo llamarse doña Eugenia.