Las dos emparedadas
Las dos emparedadas —¿A m� ¿Acaso le habéis dicho que le conocà al pasar?
—No, señora, aun ignoraba que yo tuviera la felicidad de conoceros, pero algo grave quizá pretende deciros, porque me ha preguntado con empeño por vos.
—Es extraño.
—¿Queréis verle?
Doña Laura reflexionó, y luego dijo:
—¿Será posible hablarle?
—SÃ.
—¿Cuándo?
—Esta misma noche a las doce.
—Pero ¿no está preso?
—SÃ, que lo está, y sin embargo, yo os acompañaré si lo permitÃs.