Las dos emparedadas
Las dos emparedadas De lo que pasó en la casa de doña Laura entre don Lope y la justicia
Don Lope llegó, como lo tenía de costumbre en las noches, a visitar a doña Laura.
Durante el día nada advirtió que le hiciese sospechar lo acontecido en la casa de la dama, porque como hemos dicho de esa casa nadie salía; nadie se asomaba.
Don Lope no miró a los balcones al llegar al zaguán y por lo mismo, tampoco notó que la casa permanecía oscura.
Llamó a la puerta, y contra todo lo que esperaba, nadie contestó; esperó un poco y volvió a llamar y sucedió lo mismo.
Entonces le asaltó un terrible presentimiento: algo extraño había pasado indudablemente en aquella casa.
Redobló los golpes a la puerta y aplicó el oído contra ella luego; y allá en el fondo de la casa, como saliendo de la profundidad de la tierra, oyó un gemido.
Creyó al principio que era una ilusión de su acalorada fantasía y repitió la prueba, y entonces se convenció que alguien gritaba o se quejaba.
Su imaginación le presentó en aquel momento el cuadro más espantoso; le pareció que doña Laura se arrastraba herida por los pavimentos deseándole como su última esperanza.