Las dos emparedadas

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V

De cómo la hija de Río Florido, se enamoró de don Fernando de Valenzuela

No se hablaba entre las damas de la corte de otra cosa que de un joven que había presentado don José de Mallades, y que se llamaba don Fernando de Valenzuela.

Poeta, rico, de una figura arrogante, ésta era la descripción compendiada que de él se daba.

Las nitardinas creían ya contarlo entre los partidarios del valido, porque muy por lo bajo se susurraba que don Fernando «servía» a doña Eugenia.

Las austriacas creían fácil su conquista, porque era el amigo de don José de Mallades, ardiente partidario del príncipe.

Unas y otras lo calculaban hombre de importancia en política y en amores y unas y otras comenzaron a tenderle sus redes.

Había entre las damas que seguían el partido del príncipe una joven de extraordinaria hermosura, doña Inés, hija del marqués de Río Florido, que era de origen mexicano.

Doña Inés era mujer de unas pasiones terribles: se refería que de niña había querido arrojarse en un torrente, porque sus padres no le cumplieron un capricho infantil.

Joven, había querido darse la muerte con un puñal, por celos.


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