Las dos emparedadas
Las dos emparedadas Doña Inés, preocupada con la idea de que los que trataban de penetrar eran su padre y algunos de los criados, procuró tomar un aire de indiferencia, esperando que de una vez se abriese la puerta para poder convencer al marqués de que era inocente.
El Camaleón y sus compañeros hicieron por fin saltar la chapa, y la puerta se abrió con violencia.
Doña Inés se volvió creyendo ver entrar a su padre, y al encontrarse con aquellos hombres de rostro fiero, y que penetraron allí puñal en mano, lanzó un grito y quedó desmayada.
El Camaleón y sus compañeros rodearon inmediatamente el lecho de doña Inés.