Las dos emparedadas
Las dos emparedadas La Apipizca y Luis eran los dos confidentes de la dama, y le referÃan cuanto acerca de ella y de su boda se decÃa en la ciudad.
Una noche, Luis estaba sombrÃo y entró a hablar con doña Inés que estaba sola.
—¿Qué dicen de mà las gentes? —preguntó ella.
—Señora —contestó Luis—, dicen tanto mal de este matrimonio, y lo declaran tan desigual, o más, que si su merced se casara conmigo.
—Casi tienen razón —exclamó doña Inés, pensando en que ella habÃa sido la dama de un rey tan poderoso como Carlos II.
—¿Y por qué no lo desbarata su merced?
—Es imposible; ese hombre conoce algunos secretos que podrÃan perderme; pero no sé por qué al acercarse el dÃa de la boda siento un horror…
—¿Sabe su merced lo que he pensado? —dijo de repente Luis irguiéndose y cambiando de tono.
—¿Qué cosa? —preguntó con extrañeza doña Inés.
—Que no se case su merced con don Guillén, sino conmigo.
—¿Contigo?… —contestó la dama lanzando una carcajada.
—Sà —dijo sombrÃamente Luis—, conmigo; tengo ya esa idea y será.