Las dos emparedadas
Las dos emparedadas —Soy un caballero que trae un negocio de don Guillén de Pereyra.
—¿De don Guillén de Pereyra? ¿Él os envÃa?
—SÃ.
—Pues esperad un momento para recibiros como merece la persona que os envÃa.
El que estaba dentro pareció alejarse, y don Lope pensó:
—Don Guillén debe ser el jefe de estos hombres y me van a recibir como embajador.
Pasó un momento; don Lope, tranquilo ya, esperó; después oyó ruido, la puerta se abrió, y dos hombres armados de puñales salieron lanzándose sobre él.