Las dos emparedadas
Las dos emparedadas —Ya le llega, porque este caballero me parece que está resuelto.
—Y le ayudaremos…
—SÃ, aunque no sea sino para que acabe con ese excomulgado.
—Pues vamos a dormir un rato, porque mañana a las ocho hemos de estar en catedral.
—Me parece bien.
Los dos bandidos se acostaron en el suelo, el Camaleón apagó la vela, y poco después ambos dormÃan con una tranquilidad envidiable a despecho de los filósofos que dicen: que la conciencia manchada aleja el sueño: quizá esos filósofos debieran haber dicho mejor, que lo que suele alejar el sueño no es la conciencia manchada, sino la bolsa limpia.
En fin, en esto como en todo, hay diversas opiniones.
El Camaleón soñó que ahorcaba al Señorito, y el Pinacate que don Lope le daba mucho dinero.
Entretanto don Lope de Montemayor, caminaba en la oscuridad precipitadamente.
Llegó a su casa cuando ya se acercaba la mañana, y allà supo que el padre Lozada y don Gonzalo le habÃan buscado repetidas veces.