Las dos emparedadas
Las dos emparedadas —Pues le esperamos, y quizá tengamos ya para darle una buena razón.
—Dios lo haga.
—Nos retiramos y hasta la noche.
—Hasta la noche.
Los dos camaradas se alejaron, y como habÃan llegado a la calle del Reloj, don Lope se entró a la casa procurando adivinar la causa de la prisión de doña Inés.
Una hora habÃa transcurrido de su llegada, cuando se presentó en la casa don Gonzalo de Casaus.
Don Lope le recibió con gusto, porque esperaba que él le darÃa noticia de lo ocurrido: sentáronse ambos, y don Gonzalo, después de descansar un momento, dijo a su amigo.