Las dos emparedadas
Las dos emparedadas Era Luis.
—¡Oh! —exclamó— ese hombre no puede ser otro que don Guillén de Pereyra, porque era el único que sabÃa este secreto… ¿Pero qué pensará hacer con esa loca?… ¿Para qué habrá venido a sacarla?… Yo le vigilaré; es seguro que la lleva a su casa… ¿Estará loco también él…?