Las dos emparedadas
Las dos emparedadas Por primera providencia, el alguacil herido fue enviado a su casa para curarse, se mandó enterrar al Camaleón, y el Señorito y el Pinacate quedaron en la cárcel mientras se proveía algo y daban sus declaraciones.
Los curiosos que habían acompañado hasta allí a la ronda y a los heridos, mirando que no podían pasar adelante, ni averiguar más se disolvieron, haciendo absurdos comentarios, pero sin decir una palabra de verdad.