Las dos emparedadas

Las dos emparedadas

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

—Sigue de alivio; pero está sentenciado ya, y casi es seguro que le ahorcarán.

—¿No habrá remedio?

—Se ha ocurrido a España en busca del indulto; pero se supone que Su Majestad no lo concederá…

—¡Pobre marqués! ¡Dios le tenga de su mano!

Don Gonzalo se despidió y don Lope volvió a quedar solo.

Entonces se dirigió a la puerta que cerraba la estancia en que se oía la voz de doña Laura, y entró.

La dama vestía un traje negro completamente suelto de la cintura, lo que la hacía aparecer más alta; su palidez era espantosa y sus ojos tenían el brillo siniestro de los ojos de un gato rabioso. Flotaba su hermoso pelo sobre sus hombros, y su boca se contraía con una sonrisa nerviosa.

Al ruido de la puerta por donde entró don Lope, doña Laura volvió el rostro y lo miró con extrañeza.

—¿Sigue mejor? —preguntó el joven a una de las dos esclavas que estaban allí acompañando a la dama.

—Lo mismo, mi señor —contestó la esclava— ya ve su merced que no hemos conseguido que se deje peinar.

—No hay que impacientarla; por la buena, con dulzura… ¡pobre señora!


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker