Las dos emparedadas
Las dos emparedadas El Señorito con el farol en la mano salió de la casa del oidor seguido de los hombres que conducían la silla.
Al salir vio a los dos borrachos que yacían en el suelo como dos troncos.
Entre tanto Domingo se estaba creyendo como a dos pulgadas de distancia de la puerta del paraíso.