Las dos emparedadas

Las dos emparedadas

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Doña Inés retrocedió espantada; todo estaba allí preparado como el día en que ella había conducido allí a doña Laura.

Entonces pudo comprender con horror la suerte que le esperaba; volvió el rostro con angustia, como buscando protección: cerca de ella estaba el Señorito.

—¡Don Guillén! —exclamó— ¡Don Guillén! socórreme…

—¡Ah! —contestó el Señorito con una sonrisa de burla, y metiendo la mano a una de las bolsas de sus gregüescos— quieres una limosna, ¡toma! y mira cómo no me he olvidado de ti.

Y diciendo esto, alargó a doña Inés un puñado de onzas.

Doña Inés conoció lo que aquello quería decir; el Señorito se vengaba.

—¡Oh caballero! —dijo entonces dirigiéndose a don Lope— ¿qué pretendéis hacer conmigo? ¡Oh, aquí adivino una cosa horrible, espantosa, inhumana!

—Señora, no necesito decíroslo; vais a sufrir la suerte que preparasteis a doña Laura: la pena del talión… esa pena que la Audiencia de México no sabe, o no quiere aplicar.

—¡Pero por Dios, caballero, si soy inocente, si esa dama jamás ha estado aquí…!


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker