Las dos emparedadas

Las dos emparedadas

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

—¿Monstruo? ¿Víbora? Guillén, sí, seré lo que quieras, pero todavía así, monstruo o víbora, te he honrado con alzarte hasta mí; a ti, miserable; a ti, que no eres más que la hez más inmunda de la sociedad, te desprecio y óyeme bien: nada me importa lo que tengo que sufrir, nada me importa ya la horrible muerte que se me prepara, porque no eres tú el que me la das, porque tú no eres para el hombre que me mata más que lo que eras en otro tiempo para mí, menos que un criado, menos que un esclavo, un perro, un miserable, digno del desprecio…

—Doña Inés, di cuanto quieras que no lograrás hacerme enojar; perro y miserable, pero tú has sido mía, y por amor.

—¡Por amor! ¡Ah! ¡Guillén! He sido tuya porque las mujeres de mi clase se entregan por orgullo a seres viles y abyectos a quienes convierten en instrumentos de placer o de diversión, pero sin que esto pueda disminuir ni por un instante el desprecio que se tiene a esos miserables.

—Y esos miserables al fin se vengan.

—¿Se vengan? ¿Y esta venganza es tuya, perro esclavo? ¿Tuya? ¿Qué podrías haber hecho tú, sino arrastrarte como un reptil a mis plantas para pedirme una limosna? ¿Tuyos son esos criados? ¿Tuya es esta casa? ¿Tuya es siquiera la idea del tormento que me espera? ¿Qué es tuyo aquí?


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker