Las dos emparedadas
Las dos emparedadas El padre Nitardo la dirigÃa miradas ávidamente curiosas, pero no pudo reconocerla.
—Está a mi gusto: ahora hablaré.
—Ante todo ¿quién es vuestra merced, señora?
—Yo soy —dijo la tapada alzándose completamente el velo y dejando ver un rostro encantador— doña Inés de Medina, hija del marqués de RÃo Florido.
—¡Ave MarÃa SantÃsima! —dijo el padre Nitardo retirándose.
—No os asombréis, señor, oÃdme, y entonces calificaréis mi conducta.
El padre Nitardo, sin volver de su asombro, se dispuso a escuchar, y doña Inés comenzó de esta manera.