Las dos emparedadas

Las dos emparedadas

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VIII

En que se continúa tratando del mismo asunto que en el anterior

—Señor —dijo doña Inés— mi padre es uno de los más ricos y más celosos partidarios del príncipe don Juan y por lo mismo mi casa ha sido elegida por los demás para celebrar sus juntas y dictar sus determinaciones. El principal obstáculo que se ha presentado hasta hoy a los partidarios del príncipe, ha sido el gran valimiento que tenéis, señor, con S. M., y todos ellos están ciertos de que faltando vos podría venir el príncipe don Juan y enseñorearse del Consejo y de la monarquía.

—Cuentan demasiado con la condescendencia de S. M. la reina, que en ningún caso llamaría al príncipe.

—Así será quizá; pero todos ellos han jurado la caída del valido (perdonad, que así le llaman), y hace muchos días que se proponen medios para conseguirlo.

—¿Y cuáles son ellos?

—Mil a cual más absurdos y apenas podría recordarlos; pero todos ellos han sido desechados, hasta que esta noche don José de Mallades ha presentado uno de cuya ejecución y eficacia responde, y al escucharlo, oculta tras un tapiz, me he determinado a venir en el momento a daros aviso por si queréis evitarlo.

—¿Y cuál es ese plan?


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