Las dos emparedadas
Las dos emparedadas En que se continúa tratando del mismo asunto que en el anterior
—Señor —dijo doña Inés— mi padre es uno de los más ricos y más celosos partidarios del prÃncipe don Juan y por lo mismo mi casa ha sido elegida por los demás para celebrar sus juntas y dictar sus determinaciones. El principal obstáculo que se ha presentado hasta hoy a los partidarios del prÃncipe, ha sido el gran valimiento que tenéis, señor, con S. M., y todos ellos están ciertos de que faltando vos podrÃa venir el prÃncipe don Juan y enseñorearse del Consejo y de la monarquÃa.
—Cuentan demasiado con la condescendencia de S. M. la reina, que en ningún caso llamarÃa al prÃncipe.
—Asà será quizá; pero todos ellos han jurado la caÃda del valido (perdonad, que asà le llaman), y hace muchos dÃas que se proponen medios para conseguirlo.
—¿Y cuáles son ellos?
—Mil a cual más absurdos y apenas podrÃa recordarlos; pero todos ellos han sido desechados, hasta que esta noche don José de Mallades ha presentado uno de cuya ejecución y eficacia responde, y al escucharlo, oculta tras un tapiz, me he determinado a venir en el momento a daros aviso por si queréis evitarlo.
—¿Y cuál es ese plan?