Ensayo sobre el origen de las lenguas

Ensayo sobre el origen de las lenguas

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Cuando el levita Efraín quiso vengar la muerte de su mujer, no escribió a las tribus de Israel; dividió el cuerpo en doce pedazos y se lo envió. Ante su horrible aspecto, corrieron a las armas gritando a una voz: no, nunca nada semejante ha ocurrido en Israel, desde el día en que nuestros padres salieron de Egipto hasta hoy. Y fue exterminada la tribu de Benjamín[1]. En nuestros días le hubiesen dado largas al asunto, convertido en alegatos, discusiones, quizás en chanzas, y el más horrible de los crímenes habría quedado finalmente impune. Al volver del laboreo, el rey despedazó del mismo modo los bueyes de su carreta, y empleó un signo parecido para hacer que Israel socorriera a la ciudad de Jabés. Los profetas de los judíos, los legisladores de los griegos, al ofrecer al pueblo con frecuencia objetos sensibles, le hablaban mejor por medio de esos objetos de lo que lo hubieran hecho mediante largos discursos; y la manera en que Atenea cuenta cómo el orador Hipérides hizo absolver a la cortesana Friné, sin alegar una sola palabra en su defensa, es también una elocuencia muda cuya acción suele tener efecto en todos los tiempos.

Así, se habla a los ojos mucho mejor que a los oídos. No hay nadie que no sienta la verdad del juicio de Horacio a este respecto. Se ve incluso que los discursos más elocuentes son aquellos en que se insertan más imágenes; y los sonidos nunca tienen tanta energía como cuando hacen el efecto de colores.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker