Ensayo sobre el origen de las lenguas
Ensayo sobre el origen de las lenguas Abrid la historia antigua; la encontraréis llena de esos modos de argumentar a los ojos, y nunca dejan de producir un efecto más seguro que todos los discursos que se hubieran podido poner en su lugar. Ofrecido antes de hablar, el objeto conmueve la imaginación, excita la curiosidad, mantiene en vilo el espÃritu y a la espera de lo que se va a decir. He observado que los italianos y los provenzales, entre quienes es corriente que el gesto preceda al discurso, encuentran asà el medio de hacerse escuchar mejor y aun con mayor placer. Pero el lenguaje más enérgico es aquel en que el signo lo ha dicho todo antes de que se hable. Tarquino TrasÃbulo abatiendo las cabezas de las adormideras, Alejandro aplicando su sello en la boca de su favorito, Diógenes paseándose ante Zenón, ¿no hablan asà mejor que con palabras? ¿Qué circuito de palabras hubiese sido capaz de expresar tan bien las mismas ideas? DarÃo, enfrascado en Escitia con su ejército, recibe de parte del rey de los escitas una rana, un ave, una rata y cinco flechas: el heraldo entrega su presente en silencio y parte. Esta terrible arenga fue entendida y DarÃo no tuvo otra urgencia mayor que la de regresar a su paÃs como pudo. Sustitúyanse esos signos por una carta: cuanto más amenazante sea, menos asustará; escrita, no hubiese sido más que una baladronada de la que sólo habrÃa reÃdo DarÃo.